Elisa Loncon y la disputa por el territorio: una lectura intercultural para pensar el futuro 

Elisa Loncon Antileo (Traiguén, 1963) es lingüista, académica y una de las principales voces contemporáneas sobre interculturalidad, territorio y derechos indígenas en América Latina. Reconocida internacionalmente tras presidir la Convención Constitucional chilena en 2021 e incluida en la lista TIME 100 por promover “un Chile pluralista, multilingüe y con todas sus culturas y territorios”, su pensamiento propone comprender la lengua como una forma de conocimiento y el territorio —Mapu en mapudungun— como una red viva de relaciones entre naturaleza, memoria y comunidad. A partir de su reciente conversación en la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Geografía de la Universidad de Concepción, este ensayo aborda la necesidad de repensar el presente desde una mirada intercultural capaz de reconciliar sociedad, territorio y diversidad cultural. 

La charla magistral de Elisa Loncon Antileo no se limita a una exposición académica sobre interculturalidad o pueblos indígenas. Su intervención constituye, más bien, una reflexión filosófica, política y territorial que interpela directamente la manera en que Chile ha construido su relación con la tierra, el conocimiento y la diversidad cultural. 

En el contexto del encuentro CRITICAL LEGAL GEOGRAPHY, la académica mapuche propone una pregunta que atraviesa toda su conferencia: ¿qué ocurre cuando una sociedad olvida que la vida humana depende de todas las otras formas de vida? A partir de esta interrogante, Loncon desarrolla una crítica profunda al modelo moderno occidental y, al mismo tiempo, plantea una alternativa basada en la filosofía mapuche, donde el territorio no es entendido como propiedad ni recurso económico, sino como una red de relaciones entre seres humanos, naturaleza, espiritualidad y memoria. 

Su exposición adquiere especial relevancia en un momento histórico marcado por la crisis climática, el agotamiento de los ecosistemas y el debate sobre los derechos territoriales de los pueblos indígenas. Pero, además, interpela directamente a las universidades, a las disciplinas territoriales y a las nuevas generaciones, invitándolas a repensar el conocimiento desde perspectivas plurales, críticas e interculturales. 

En ese sentido, la charla de Elisa Loncon no solo habla del pueblo mapuche. Habla también del futuro de Chile, de la convivencia entre culturas y de la necesidad urgente de reconstruir vínculos con los territorios que habitamos. 

La lengua como conocimiento: el mapudungun como forma de comprender el mundo 

Uno de los primeros conceptos que desarrolla Elisa Loncon es la idea de que toda lengua constituye una forma de conocimiento. Desde esta perspectiva, el mapudungun no es únicamente un medio de comunicación, sino una estructura cultural que organiza la manera en que el mundo es entendido y vivido. 

La académica plantea que las lenguas contienen epistemologías; es decir, formas propias de producir sentido, interpretar la realidad y relacionarse con el entorno. Por ello, cuando una lengua desaparece, no solo se pierde vocabulario: también desaparecen maneras de mirar el territorio, comprender la naturaleza y transmitir la memoria colectiva. 

En la visión mapuche, la tierra no está compuesta exclusivamente por seres humanos. También existen vidas no humanas —ríos, montañas, bosques, animales, aguas, fuerzas espirituales— que forman parte de un entramado relacional. Esta concepción se expresa en la idea de Itrofil Mongen, concepto que Loncon presenta como “la totalidad de las vidas”. 

La importancia de este planteamiento radica en que rompe con la lógica occidental antropocéntrica, donde el ser humano aparece separado y por encima de la naturaleza. En cambio, la filosofía mapuche propone una relación de reciprocidad e interdependencia: las personas pertenecen a la tierra y no al revés. 

Desde esta mirada, la lengua se convierte en un archivo vivo del territorio. Los nombres de los lugares, por ejemplo, contienen información ecológica, histórica y espiritual. Así, ciudades y sectores del Biobío como Talcahuano, Chiguayante o Penco no son simples denominaciones geográficas, sino expresiones de una memoria territorial que aún permanece inscrita en el paisaje. 

Mapu: la tierra como universo relacional 

Uno de los aportes más profundos de la conferencia es la explicación de la noción de Mapu, entendida no solo como “tierra”, sino como una totalidad cósmica y relacional. 

Loncon explica que, dentro de la filosofía mapuche, la tierra está compuesta por distintas dimensiones interconectadas: el mundo superior, el espacio intermedio, la tierra habitada y el mundo subterráneo. Todas estas dimensiones forman parte de una unidad viva donde conviven fuerzas materiales, espirituales y energéticas. 

Esta comprensión modifica radicalmente la manera de entender el territorio. Desde la modernidad occidental, el territorio suele reducirse a una superficie administrable, explotable o divisible jurídicamente. En contraste, la visión mapuche lo concibe como un espacio de vínculos donde existen responsabilidades recíprocas entre todas las formas de vida

Por ello, la destrucción ambiental no es interpretada únicamente como daño ecológico. También representa una ruptura espiritual y comunitaria. La intervención de humedales, la tala de bosques o el agotamiento de las aguas afectan tanto a los ecosistemas como a las relaciones culturales y simbólicas que las comunidades mantienen con esos espacios. 

En este punto, Loncon introduce otro concepto central: Az Mapu, entendido como el sistema de normas, principios y formas de convivencia que permiten mantener el equilibrio entre las distintas vidas del territorio. No se trata de leyes escritas en el sentido occidental, sino de un orden ético y cultural basado en el respeto, la reciprocidad y el cuidado de la tierra. 

La relevancia contemporánea de esta idea es enorme. En tiempos de crisis climática y colapso ecológico, la filosofía mapuche aparece no como un conocimiento “del pasado”, sino como una propuesta crítica para pensar nuevas formas de habitar el mundo. 

Colonialismo y destrucción territorial: el conflicto entre dos ontologías 

Uno de los momentos más potentes de la charla ocurre cuando Elisa Loncon analiza el impacto del colonialismo sobre los pueblos indígenas y sus territorios. 

La académica sostiene que la colonización no implicó solamente ocupación militar o dominación política. También significó la imposición de una ontología distinta; es decir, una manera diferente de entender la existencia, la naturaleza y el desarrollo. 

Según Loncon, el proyecto colonial europeo introdujo una lógica basada en la acumulación de riqueza, la explotación de los territorios y la separación entre humanidad y naturaleza. Esta visión legitimó procesos de genocidio, despojo territorial, esclavitud y destrucción cultural que continúan teniendo consecuencias en el presente. 

En este contexto, la idea moderna de “desarrollo” aparece como uno de los principales dispositivos de dominación. La expositora dialoga críticamente con autores como Enrique Dussel y Silvia Federici para cuestionar la noción de progreso inevitable promovida por Occidente. 

La pregunta que atraviesa esta reflexión es profundamente actual: ¿puede existir verdadero progreso si este destruye ecosistemas, comunidades y culturas? 

Loncon sostiene que el problema no es únicamente económico o ambiental. También es epistemológico y civilizatorio. El desarrollo moderno, basado en el extractivismo y el crecimiento ilimitado, ha producido una fractura entre sociedad y naturaleza que hoy se expresa en crisis ecológicas globales. 

Desde esta perspectiva, el pueblo mapuche no lucha únicamente por tierras. También lucha por preservar una manera distinta de comprender la vida y el territorio. 

Interculturalidad y pluralismo jurídico: repensar el Estado desde la diversidad 

Otro de los ejes centrales de la conferencia es el debate sobre el pluralismo jurídico y el reconocimiento de los pueblos indígenas dentro del Estado chileno. 

Loncon plantea que los pueblos indígenas no buscan solamente inclusión social o superación de la pobreza. Buscan también el derecho a continuar existiendo como pueblos con lengua, cultura, sistemas normativos y formas propias de organización. 

Aquí aparece la idea de Estado plurinacional, propuesta discutida durante el proceso constituyente chileno. Esta noción reconoce que dentro de un mismo país conviven diversas naciones y comunidades culturales con derechos colectivos diferenciados. 

La académica explica que el pluralismo jurídico implica reconocer la coexistencia de distintos sistemas normativos dentro del Estado. En el caso mapuche, ello se relaciona directamente con el Az Mapu, entendido como una estructura ética y territorial de convivencia. 

Sin embargo, Loncon también evidencia las resistencias que existen frente a estas transformaciones. La negativa a reconocer derechos territoriales, autonomía indígena o sistemas jurídicos propios revela la persistencia de estructuras coloniales dentro de las instituciones contemporáneas. 

La charla adquiere aquí una dimensión política especialmente relevante para las universidades y las disciplinas territoriales. La interculturalidad no puede reducirse a celebraciones simbólicas o discursos de inclusión. Requiere transformar las formas de producción de conocimiento, reconocer otras epistemologías y cuestionar los paradigmas monoculturales que aún dominan gran parte de la educación superior. 

El territorio como memoria y responsabilidad colectiva 

Uno de los aspectos más sensibles de la exposición de Elisa Loncon es la relación entre territorio y memoria. 

La académica insiste en que los nombres de los lugares, las lenguas y las narraciones comunitarias conservan vínculos profundos con los ecosistemas. Cuando desaparecen los ríos, los bosques o los humedales, también se erosionan las memorias culturales asociadas a esos espacios. 

En este sentido, la crisis ecológica no puede separarse de la crisis cultural. Ambas forman parte de un mismo proceso de fragmentación territorial. 

Por ello, la revitalización del mapudungun, la recuperación de conocimientos ancestrales y la defensa de los territorios no son únicamente demandas identitarias. Constituyen también formas de resistencia frente a modelos de desarrollo que han debilitado la relación entre humanidad y naturaleza. 

La reflexión de Loncon adquiere especial pertinencia para las nuevas generaciones. En una época marcada por la urbanización acelerada, el extractivismo y el deterioro ambiental, su discurso propone volver a pensar el territorio no como mercancía, sino como espacio de vida compartida. 

La charla magistral de Elisa Loncon deja instalada una discusión fundamental para el presente y el futuro de Chile: ¿es posible construir una sociedad democrática sin reconocer la diversidad cultural y territorial que la compone? 

Su intervención propone mirar la interculturalidad no como una concesión simbólica, sino como una transformación profunda de las relaciones entre Estado, conocimiento y territorio. En ese camino, la filosofía mapuche aparece como una fuente de pensamiento capaz de ofrecer herramientas éticas, ecológicas y políticas frente a las crisis contemporáneas. 

La gran pregunta que atraviesa toda la conferencia permanece abierta: ¿qué tipo de desarrollo queremos construir y para quiénes será ese futuro? 

La respuesta, sugiere Loncon, dependerá de nuestra capacidad de comprender algo esencial: la vida humana solo puede existir en equilibrio con todas las otras vidas que habitan la tierra. 

Y quizás allí reside el principal aporte de esta conferencia para las futuras generaciones: recordar que el territorio no es únicamente el lugar donde vivimos, sino la red de relaciones que hace posible la vida misma. 

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