La actividad reunió a dirigentas y personas de distintas culturas en un círculo de conversación convocado por la Dra. Mónica Ortiz. El encuentro puso en el centro el liderazgo de las mujeres indígenas, su papel en la defensa de los territorios y la importancia de reconocer los saberes que sostienen la memoria, las lenguas y las culturas de los pueblos.
Un espacio de encuentro, escucha y diálogo en torno al territorio, la memoria y la diversidad cultural se desarrolló en la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Geografía (FAUG) de la Universidad de Concepción, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres Indígenas.
La actividad, realizada en el Hall de Espacio Más, reunió a dirigentas y personas de distintas culturas en un círculo de conversación que buscó generar, más que una instancia protocolar de conmemoración, un espacio para compartir experiencias, reconocer conocimientos y poner en común distintas maneras de comprender el territorio y las formas de habitarlo.
La jornada fue convocada por la Dra. Mónica Ortiz, profesora asociada del Departamento de Geografía de la FAUG, integrante del grupo de investigación GRIUT y directora del Doctorado en Estudios Territoriales del Sur Global (DETSUR). Desde su perspectiva, la fecha constituye una oportunidad para reconocer una dimensión que muchas veces permanece invisibilizada: el liderazgo que las mujeres indígenas han ejercido históricamente en la defensa de sus pueblos, sus territorios y sus formas de vida.
“El Día Internacional de la Mujer Indígena es una instancia importantísima para conmemorar el liderazgo de las mujeres indígenas, de los pueblos, y su tremendo poder y labor de transformación”, señaló la académica.
Para Ortiz, reconocer ese liderazgo implica también comprender que las mujeres indígenas no solo han participado de procesos de resistencia y defensa territorial, sino que han sido fundamentales para mantener vivas prácticas, conocimientos, lenguas y memorias que se transmiten entre generaciones. Por ello, considera especialmente relevante que estos diálogos puedan desarrollarse en espacios universitarios y que la academia sea capaz de abrirse a conocimientos que provienen de otras experiencias y formas de comprender el mundo.
En ese sentido, la propia localización de la Universidad de Concepción adquiere un significado particular. “Nos encontramos en territorio mapuche, pero también, como universidad, somos hogar para estudiantes de varios territorios y pueblos”, afirmó Ortiz. Desde esta perspectiva, la universidad no es solamente un lugar donde se produce conocimiento académico, sino también un espacio que puede reconocer y acoger las experiencias, conocimientos y demandas que provienen de los territorios de los que forman parte sus comunidades.
Escuchar el territorio también es una responsabilidad universitaria
Esta mirada plantea un desafío para las instituciones de educación superior: no limitar el vínculo con los territorios a la investigación sobre ellos, sino generar condiciones para escuchar a quienes los habitan y reconocer los conocimientos que allí se producen.
Para la Dra. Ortiz, esa apertura supone asumir que la universidad, desde su posición institucional, también tiene la responsabilidad de generar espacios donde esas voces puedan ser escuchadas y reconocidas, particularmente cuando se trata de mujeres que han sostenido durante generaciones prácticas culturales fundamentales para sus comunidades.
“Creo que la universidad, con todo el privilegio que tiene, debe hacerse cargo de ceder espacios, escuchar el territorio y, sobre todo, escuchar a las mujeres que siguen manteniendo la lengua, la cultura y la lucha”, sostuvo.
La reflexión adquiere especial relevancia en una Facultad cuyo quehacer académico está estrechamente vinculado al estudio de los territorios y de las distintas relaciones que se construyen entre sociedad, ciudad, naturaleza y cultura. Desde la Geografía y el Urbanismo, la FAUG desarrolla investigaciones y discusiones que permiten aproximarse a estos fenómenos desde distintas escalas y perspectivas.
En este marco se sitúan, entre otros espacios de investigación, ECOLAB, vinculado al Departamento de Geografía, y GRIUT, desde el ámbito del Urbanismo, como parte de un ecosistema académico que permite abordar las transformaciones territoriales y las distintas formas de relación entre las comunidades y los espacios que habitan.
La conmemoración, por tanto, se vincula con una discusión que trasciende la fecha y que resulta particularmente pertinente para una Facultad que tiene el territorio como uno de sus ámbitos centrales de reflexión: ¿cómo se construye conocimiento sobre los territorios sin invisibilizar los saberes de quienes los habitan? ¿Cómo incorporar otras formas de comprender, cuidar y transformar los espacios?
Mujeres que sostienen la memoria y los saberes
Desde el Departamento de Urbanismo, el director Mauro Fontana relevó precisamente esta dimensión. A su juicio, hablar de mujeres indígenas supone reconocer una doble condición de invisibilización histórica: por una parte, aquella asociada a su pertenencia a pueblos que han sido históricamente subordinados y, por otra, la que se relaciona con su condición de mujeres.
“Hay una doble condición de invisibilización histórica: una por ser indígena y otra por ser mujer”, planteó Fontana.
Sin embargo, esta invisibilización contrasta con el papel central que muchas mujeres han desempeñado en la continuidad de sus culturas. Buena parte de los conocimientos que permiten sostener la vida comunitaria no necesariamente se encuentran registrados en documentos o instituciones, sino que permanecen en prácticas cotidianas, transmitidas de generación en generación.
En esa transmisión, explica el académico, las mujeres cumplen un papel fundamental.
“Son las mujeres las que mantienen, en general, las tradiciones con la vestimenta, los conocimientos, el telar, las comidas y todas las cuestiones que tienen que ver con sostener en la vida cotidiana muchas de las prácticas que se van perdiendo”.
De esta manera, preservar una cultura no significa únicamente conservar determinados objetos, expresiones o tradiciones. Implica también mantener formas de conocimiento y maneras de relacionarse con otros y con el entorno, muchas de ellas vinculadas a la vida cotidiana y al trabajo comunitario.
Por eso, Fontana plantea que el rol de las mujeres indígenas puede entenderse también desde la capacidad de construir redes. La metáfora del tejido aparece, en este sentido, como una forma de comprender cómo estos conocimientos circulan, se relacionan y encuentran nuevas formas de continuidad.
“Ellas van hilando, van tejiendo esta red de saberes, desde otra mirada y probablemente haciendo muchas alianzas mucho más transversales”, señaló.
La idea del tejido permite ampliar la conversación más allá de la preservación cultural. También permite pensar en la capacidad de las mujeres para establecer vínculos entre generaciones, comunidades y territorios; para mantener conocimientos que no siempre son reconocidos por las formas tradicionales de producción académica y, al mismo tiempo, para construir otras posibilidades de organización colectiva.
Otras formas de relacionarnos con el territorio
Esta dimensión resulta especialmente significativa cuando se observa el trabajo de mujeres vinculadas al cuidado de las semillas, los telares, la alimentación y otras prácticas tradicionales. Para Fontana, estos saberes no son únicamente expresiones culturales del pasado, sino conocimientos que pueden ofrecer preguntas relevantes para el presente, particularmente frente a las actuales crisis ambientales, sociales y territoriales.
En ellos subsisten otras maneras de entender la relación con la tierra y con los entornos, basadas en principios como la ayuda, la reciprocidad y el cuidado. Se trata de formas de organización que cuestionan la idea de que el territorio es solamente un recurso disponible para ser explotado y permiten pensar, en cambio, en relaciones donde la vida comunitaria y el vínculo con el entorno adquieren un lugar central.
“Son sustanciales hoy día para dar continuidad a formas de vida no capitalistas u otras formas de organización que responden desde la ayuda y la reciprocidad a mantener otras formas posibles de pensar nuestra relación con la tierra y con los entornos”, sostuvo Fontana.
Desde esta perspectiva, la conmemoración adquiere una dimensión que va más allá del reconocimiento simbólico. Escuchar a las mujeres indígenas implica también acercarse a otras formas de producir conocimiento, de organizar la vida y de comprender el territorio, cuestiones que resultan especialmente relevantes para disciplinas como la Geografía y el Urbanismo.
Una memoria que permanece
El Día Internacional de las Mujeres Indígenas está asociado a la memoria de Bartolina Sisa, lideresa aymara del siglo XVIII y figura emblemática de las luchas indígenas frente al dominio colonial. Su historia forma parte de una memoria de resistencia que permite reconocer el papel que distintas mujeres han desempeñado en la defensa de sus pueblos, sus territorios y sus formas de vida.
Recordar esa historia permite, a su vez, establecer un vínculo con el presente. Las luchas por el reconocimiento, la autonomía, la participación y la defensa de los territorios no pertenecen únicamente al pasado; continúan formando parte de las experiencias de numerosos pueblos indígenas y, particularmente, de las mujeres que participan activamente en estos procesos.
Por ello, el círculo de conversación desarrollado en la FAUG buscó poner en relación esa memoria histórica con las experiencias contemporáneas de mujeres y comunidades, relevando la necesidad de reconocer sus voces y fortalecer su participación en aquellos espacios donde se discuten y toman decisiones que afectan los territorios.
La jornada permitió así abrir una conversación que conecta directamente con el quehacer de la Facultad: comprender los territorios no solo desde sus dimensiones físicas, urbanas o geográficas, sino también desde las memorias, identidades, conocimientos y relaciones que los constituyen.
En este sentido, la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres Indígenas se transformó en una oportunidad para que la FAUG reafirmara la importancia de generar espacios de escucha y diálogo, donde la investigación académica pueda encontrarse con los saberes y experiencias de quienes habitan los territorios.
Porque reconocer el territorio también significa reconocer a quienes lo sostienen, lo conocen y lo defienden. Y, en ese ejercicio, escuchar a las mujeres indígenas supone no solo valorar su memoria y su cultura, sino también reconocer que sus conocimientos tienen mucho que aportar a las preguntas que hoy se formula la sociedad sobre el territorio, la vida en común y las formas posibles de habitar el mundo.


















Dra. Monica Ortiz. Profesora Asociada, Departamento de Geografía, Facultad de Arquitectura, Urbanismo, y Geografía, Universidad de Concepción. Directora, Doctorado en Estudios Territoriales del Sur Global.
